viernes, 27 de abril de 2012

EL FATALISMO DE LA RADIO LAMBAYECANA

La preocupación de la radio regional lambayecana se circunscribe fundamentalmente a dos lastres permanentes: la ínfima educación de los radialistas y la voraz comercialización al acecho del individuo.
En primer término, esta terrible tara de la carencia de educación en el medio radial es traducida en términos de voces populistas que vitorean y casi siempre se desgañitan vociferando propuestas y verdades contestables. La justificación irracional que ofrecen los mismos locutores a esta forma primitiva de actuar es el denominado “lenguaje del pueblo”. Nos hablan como el pueblo –arguyen-. ¿A qué conduce esto? A dos finales lúgubres: el desconcierto de las gentes y su consiguiente manipulación.
Parece ser que esta consigna sustentada en el ahondar a fondo en el creciente empobrecimiento educativo está profundamente arraigada en el sentir y pensar de la sociedad. De ahí que los radioescuchas terminan envueltos por una atmósfera gris de acostumbramiento. Es decir, acaban adaptándose a un determinado consumo de información degradada y muchas veces inservible. Este hecho se desarrolla también sin tregua en la televisión, pero ahora nos ceñimos puramente a las radios.
De resultas, entonces, de este primer punto anotamos su consiguiente corolario: la manipulación ideológica, económica y social del individuo, al que se le impone imperiosamente grandes estancos a su libertad y se le es conculcado el derecho soberano de pensar, de reflexionar y de asumir una postura plenamente crítica. Recuerden lo que Sartre decía: “el orden establecido promueve la estupidez”.
La existencia de la radio se ve amenazada.
Factores nos ajenos y, al contrario, estrechamente vinculados a este inexpugnable fenómeno radiofónico, se deben a los intereses políticos que asumen ciertos radialistas, lejanos totalmente a todo compromiso social. El poder político termina devorándolos con su colosal maquinaria monetaria.
Pocos ejecutores de la función radial asoman con timidez en el medio. Son pocos pero son, podríamos decir, parafraseando a Vallejo, no obstante la promesa de una radio acorde a paradigmas sociales de cambios significativos, se nos presenta como un horizonte cada vez más inalcanzable y remoto.
A esto parece apuntar la situación de la radio actual en la región: a una deplorable actuación, en la que terminarán por verse asfixiados, si no enfrascados, los radialistas ideales y requeridos.
La radio está, entonces, en vísperas de finalizar su función sin haberla cumplido a carta cabal. Morirá, como se dice, antes de nacer.

1 comentario: