La preocupación de la radio regional lambayecana se circunscribe fundamentalmente a dos lastres permanentes: la ínfima educación de los radialistas y la voraz comercialización al acecho del individuo.
En primer término, esta terrible tara de la carencia de educación en el medio radial es traducida en términos de voces populistas que vitorean y casi siempre se desgañitan vociferando propuestas y verdades contestables. La justificación irracional que ofrecen los mismos locutores a esta forma primitiva de actuar es el denominado “lenguaje del pueblo”. Nos hablan como el pueblo –arguyen-. ¿A qué conduce esto? A dos finales lúgubres: el desconcierto de las gentes y su consiguiente manipulación.
Parece ser que esta consigna sustentada en el ahondar a fondo en el creciente empobrecimiento educativo está profundamente arraigada en el sentir y pensar de la sociedad. De ahí que los radioescuchas terminan envueltos por una atmósfera gris de acostumbramiento. Es decir, acaban adaptándose a un determinado consumo de información degradada y muchas veces inservible. Este hecho se desarrolla también sin tregua en la televisión, pero ahora nos ceñimos puramente a las radios.
De resultas, entonces, de este primer punto anotamos su consiguiente corolario: la manipulación ideológica, económica y social del individuo, al que se le impone imperiosamente grandes estancos a su libertad y se le es conculcado el derecho soberano de pensar, de reflexionar y de asumir una postura plenamente crítica. Recuerden lo que Sartre decía: “el orden establecido promueve la estupidez”.
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| La existencia de la radio se ve amenazada. |
Pocos ejecutores de la función radial asoman con timidez en el medio. Son pocos pero son, podríamos decir, parafraseando a Vallejo, no obstante la promesa de una radio acorde a paradigmas sociales de cambios significativos, se nos presenta como un horizonte cada vez más inalcanzable y remoto.
A esto parece apuntar la situación de la radio actual en la región: a una deplorable actuación, en la que terminarán por verse asfixiados, si no enfrascados, los radialistas ideales y requeridos.
La radio está, entonces, en vísperas de finalizar su función sin haberla cumplido a carta cabal. Morirá, como se dice, antes de nacer.

Puntual,
ResponderEliminarMerituado,