miércoles, 18 de abril de 2012

LA RADIO POPULAR Y SU EXTENSIÓN LOCAL Y GLOBAL


Hace aproximadamente cincuenta años que comenzaron a sucederse una serie de cambios vertiginosos, a los cuales nos tuvimos y, definitivamente, nos tenemos que adaptar ─puesto que el proceso continúa en desarrollo─. Una sentenciaun poco aventurada de Mcluhan podría definir una paradoja peculiar de estos acontecimientos: “los nuevos cambios nos obligan a mirar al futuro a través de un espejo retrovisor”.

La inclusiòn social como condiciòn inherente a la radiodifusiòn.
Es a partir de este analítico escrutinio mcluhiano de la sociedad de los cambios frenéticos, pudiendo resultar polémico si lo analizamos desde múltiples perspectivas, que nos formulamos una reflexión crítica: ¿Hemos progresado como sociedad? Esta interrogante lacónica y pertinente nos insinúa un amplio complejo que parte desde el aspecto económico y el discurso del neoliberalismo (con todo su armamento acerca de una supuesta “Era de la Información”, un mundo globalizado y una serie de principios que caracterizan a un mundo singularmente unipolar) hasta la problemática que gira en torno a los medios de la comunicación y su impacto en la sociedad contemporánea.


El breve preludio que anotamos en este ensayo nos recuerda de manera automática que asistimos a una tercera revolución industrial, una revolución que no se aplica únicamente a las innovaciones a la vanguardia en tecnología, sino que se traduce también en “un cambio rotundo en nuestra manera de producir y de consumir”, como lo precisa el historiador François Caron. El actual modelo rector de un mundo homogéneo, nos “vende” las ideas del libre mercado, la competencia (que supone nada menos que la concepción darwiniana de la “supervivencia del más apto”) y la privatización, cimientos sobre los que se sostiene el neoliberalismo y su hegemonía cultural[1].

Dentro de esta fase moderna por la que atraviesa la historia, presenciamos un escenario totalmente distinto al que se preveía hace medio siglo. La definición de la “aldea global” nos resulta plenamente discutible, en tanto se les impugna a la globalización y a su progenitor el neoliberalismo, ser las fuentes principales en el distanciamiento recurrente de culturas relativamente alejadas desde el punto de vista geográfico y la noción del individualismo ya oficializado como significado de progreso y éxito. En otras palabras, las “autopistas” de la comunicación nos mantienen a la deriva, sin un capitán que trace un derrotero que nos conduzca hacia las posibilidades de una intercomunicación a nivel global.

En este escenario, particularmente dominado por los medios de comunicación[2], esencialmente por la televisión, abrimos la discusión sobre un factible retorno de la radio como medio de unión y conexión global.

En esta cultura altamente visualizada como mencionamos anteriormente, la radio ha ido recobrando un poder galopante que le fue recortada durante los años setenta, cuando la televisión y su advenimiento cautivaron una enorme audiencia e iluminaron los escenarios mediático, político, económico y social con un resplandor casi enceguecedor[3].

Fue precisamente en la década de los setenta que hizo su aparición la radio popular, en una atmósfera de continuas luchas sociales, de buscas por un estado presente, de propuestas de reformas sociales, de un anhelo de inclusión por parte de las muchedumbres excluidas, cuyos derechos fueron constantemente conculcados sin que exista un defensor de aquel ciudadano de a pie víctima de sus propios “representantes”. En este contexto nace la radio popular, acompañada de una apuesta por las organizaciones sindicalistas y los movimientos populares, abriéndoles un lugar para expresarse y para incitar al poder político imperante un debate en pos de mejoras en la calidad de vida de todos y cada uno de los individuos.

Asimismo, la radio comienza a hacer sentir su presencia como medio que refuerza los valores democráticos de la pluralidad, la tolerancia, la veracidad y la responsabilidad social.

Se concibe entonces una radio abierta a los ideales de una minoría excluida y condenada a una orfandad social, que busca resurgir como población y que abriga la esperanza de algo que en antropología se denomina un sentido de pertenencia.

La radio entonces reduce la brecha, alienta las causas justas ─cómo olvidar los episodios heroicos en que la radio actuó como un verdadero paladín justiciero. Por ejemplo, el respaldo de Radio Progreso, en Honduras, a las organizaciones sociales que perseguían cambios significativos propios de una democracia; o cómo olvidar la actitud lúcida de la emisora Pío XII, en Bolivia, cuyas acciones y permanente compromiso social a favor de los mineros, se ganó el odio virulento de los militares─, reconcilia al Estado con los desvalidos, abre espacios de diálogo y discusión como iniciativa a un consenso general que reconozca a las mayorías desamparadas como miembros de un estado, integra, en fin, haciendo uso de sus instrumentos éticos, a la población en un conjunto vigoroso y democrático.

Utilizando los engranajes de la tecnología de esta “globalización”, traducida en cambios y más cambios, la radio popular busca arraigar en el seno de la sociedad y llevar a la praxis los planteamientos ya señalados. De esta guisa, las radios populares buscarán generar propuestas revolucionarias ─en el sentido de una mejor apuesta por la cultura democrática─ a nivel local, para, a corto o mediano plazo, ir vinculándose a través de las redes con emisoras nacionales y globales que posean ideales análogos y propuestas compatibles.

"Micròfonos abiertos": permanente bùsqueda del consenso general.
De resultas, entonces, de esta función de las radios populares, se podrá conseguir ese prurito general de concertación nacional, una verdadera transformación que le devuelva al hombre sus condiciones dignas y sus oportunidades arrebatadas. Una tentativa bien estructurada podría conducir esta propuesta a un horizonte exitoso y a un porvenir bien garantizado.


[1]Antonio Gramsci, pensador marxista, fue el primero en proponer el concepto de hegemonía cultural, para explicar la estrategia que radica en ocupar y adiestrar la mente de cada individuo.
[2] La importancia concedida a los medios de comunicación han llevado a diversos sociólogos a afirmar que el poder ejecutivo, el poder legislativo y el poder judicial no son más los tres poderes que rigen el planeta entero, sino que ahora han pasado a dominar todos los estados el poder económico, el poder mediático y el poder político, en este orden. Cuando se logran manejar los dos primeros continúan los estudiosos el poder político viene a ser una simple formalidad.
[3]Para un mayor enfoque en el impacto de la televisión frente a la radio, léase La radio popular en el Perú por Juan Gargurevich. Asociación Peruana de Investigadores de la Comunicación (APEIC), 1988.

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