miércoles, 18 de abril de 2012

RADIO EDUCATIVA: DESAFÍOS

El mundo se ha reído siempre de sus propias tragedias,
como único medio de soportarlas.
(Oscar Wilde)

Quizás la sociedad actual le ofrezca a la radio educativa una serie de circunstancias adversas, que aún no vislumbran una solución promisoria. Ya no es solo la televisión su competencia implacable, sino la misma radio, pero esta vez parapetada tras un puñado de intereses comerciales.

La radio educativa fomenta una creatividad armoniosa.
Un ambiente casi viciado rodea a la radio educativa y amenaza casi su existencia. Desde el punto de vista histórico, la radio ha podido subsistir gracias a las elecciones de su audiencia, aun no bombardeada con mensajes y contenidos apabullantes. En los noventa recién encuentra su génesis el problema.

Pero el que una radio educativa emita mensajes publicitarios no está mal, aunque el imaginario común suponga lo contrario. Es más: resulta totalmente necesario. Porque, de lo contrario, ¿cómo se sostendría una radio educativa, por más audiencia que tenga? ¿Dónde hallaría su financiamiento? Si nos dejamos atraer por vanas ilusiones en lo que respecta a su audiencia, es seguro que seremos confinados al rincón del olvido. Nuestra permanencia, entonces, habrá sido fugaz.

Anotamos el anterior preludio, por una simple cuestión de funciones. La radio educativa debe perseguir sus metas sin ánimos de lucro y de competencia. La alternativa mediática que nos propone ella responde a un conjunto de fines de carácter enteramente social. Las emisoras educativas y comunitarias tienen en su poder el brindar información a poblaciones desorientadas, que estén a la deriva. Tiene, asimismo, como norte al que hay que divisar cada vez más cerca, que educarlas dentro de un marco de una reforma total. Es, en este caso, así como la radio educativa se vincula íntimamente a las emisoras populares.

En la actualidad, la radio está asistiendo a sus propias ceremonias mortuorias. El público, tal vez, seamos la que la acompañemos en un cortejo lento. Las diversas incursiones tecnológicas que se han sucedido a la velocidad del vértigo,  hicieron trepidar los cimientos de la radiodifusión y la obligaron a naufragar en un mar en que se debatían sus fines comerciales y su naturaleza social. Lo que pretendemos decir , con esta alusión más o menos irónica, es que la radio, hace aproximadamente veinte años, ha venido sufriendo un cambio rotundo, un considerable declive, en su razón de ser, tanto así que podemos anunciar oficialmente que el divorcio entre la sociedad y la radio ─aquel binomio portentoso─ está en proceso.

No es nuestro deseo asumir un papel de puro observador fatalista. Por el contrario, creemos en un cambio factible, hacia mejoras significativas, que repercutan en diversos campos como la cultura, políticas nueva (traducidas en términos de inclusión social y desarrollo), condiciones aseguradas en el ámbito educativo y laboral, etc. En suma, proponemos desde esta posta que las radios educativas encaucen a las poblaciones marginadas y olvidadas hacia un porvenir enriquecedor.

¿Cómo conseguir que la radio se posicione como un medio de futuro empoderamiento? ¿Cómo sugerirle a la gente llana que la radio no es simple voz, sino explicación? En la televisión, aquel medio fementido, nuestras esperanzas cifradas fueron desairadas. Por lo menos no es fiable su estado actual. La radio nos reitera el triángulo de la comunicación que reside en los elementos del acontecimiento, el receptor y el mediador. Mientras que la televisión lo elimina progresivamente, la radio refuerza este triángulo[1].
Por otro lado, la radio posee la enorme ventaja de la creatividad, de la que adolece tristemente el medio televisivo. El oír un breve discurso nos incita a su percepción, su penetración y su reflexión. La radio no nos abstrae del mundo, como lo hace la televisión. Ésta, al obligar a mantener los ojos clavados en una caja parlante, nos incita a la “animalización”, puesto que la sola mirada nos hace meros espectadores, hipnotizados, como monos aprendices. La radio podría ser acaso la “extensión”, como la llamara McLuhan, más similar a el hábito de la lectura.


De ahí la importancia vigente de la radio. La radio no muere, la radio enferma, por decirlo de algún modo.

Una gran equivocación se le atribuye a la radio educativa. Se la cree solo un medio de transmisión de cultura. Craso error es esta estereotipia común. La radio educativa va más allá del conocimiento, busca la integración del hombre a su medio en que subsiste cotidianamente. Mario Kaplún  la define como “las emisiones que procuran la transmisión de valores, la promoción humana, el desarrollo integral de hombre y de la comunidad; las que se proponen elevar el nivel de conciencia, estimular la reflexión (…)”[3].

La invasiòn de la comercializaciòn: un desafìo constante
Las radios, sin precisar su categoría, son capaces de informar con responsabilidad y empoderar a las personas. Darles poder no es sólo abrir las llamadas para que los escuchen medio país. Empoderarlas supone permitirles el diálogo, formular propuestas sesgadas a sus intereses sociales. Empoderar es darle la prerrogativa a la que solo tenían acceso las clases dominantes (léase, los ricos) y de la que gozan los cuarteles televisivos con su enorme carga de distracción, de “compensación de déficits emocionales”, como la describe Vicente Romano.

¿Cuál es la propuesta entonces de la radio educativa? La respuesta es acaso ociosa: empoderar.


[1]La televisión suprime el papel del mediador, que es el comunicador que nos va a informar y explicar el acontecimiento. El nuevo ensayo que nos insinúa la televisión es la consigna absurda de “ver es comprender”. Al ver los acontecimientos en tiempo real a través de la televisión, automáticamente el informador se elimina a sí mismo en la medida en que no explica el acontecimiento en proceso. Entonces, el falso slogan acerca del cual “ver es comprender” se oficializa como medio de información. La ventaja de la radio es que hay alguien que nos informe y explique acerca de los hechos. La radio refuerza este triángulo comunicativo.

[2] Alan Trutat y otros, V Semana Internacional de estudios sobre la radio, RNE y UER, Málaga, 2009.
[3]Mario Kaplún, 1994.

No hay comentarios:

Publicar un comentario