Resumen
Se analizan los actuales
problemas que encaran actualmente los medios de comunicación en su conjunto,
como la deserción del periodismo en su función fiscalizadora, la deficiente
regulación de las políticas estatales. Se habla, asimismo, de una futura
iniciativa social, traducida en un quinto poder, propiciada por la ciudadanía.
Palabras
claves
democracia, concentración de
los medios, regulación, autorregulación, quinto poder, ciudadanía, ombudsman.
Para que una democracia
funcione a cabalidad dentro de un gobierno constitucional, es preciso que ella
se sostenga sobre un perfecto funcionamiento de las instituciones que residen
en su seno –el Estado, la Iglesia, las FF.AA, los medios de comunicación y
demás componentes de la vida social-, que éstas actúen dentro de un marco legal
establecido, contribuyan al sostenimiento y prolongación de la cultura en
general y fomenten, en resumen, una perfecta convivencia entre los ciudadanos,
utilizando los instrumentos civilizadores de la tolerancia, el pluralismo, la
justicia, la solidaridad y demás valores y principios éticos.
Lo anterior viene a ser el
carácter de una genuina cultura democrática que cultive un Estado de derecho
verdadero y a prueba de balas; sin embargo ¿qué ocurre cuando esto no se lleva
a cabo en la praxis o, en el peor de los casos, cuando un sistema precario se
esconde tras falsos principios pertenecientes a
una sociedad abierta y estable que se encamina al progreso?
Tomaremos el caso particular
de los medios de comunicación. En un ámbito virtualmente democrático, éstos
deberían desempeñar un papel neurálgico que responda a las inquietudes de una
comunidad que comparte fines comunes y visiones unánimes. Lo contrario ocurre,
como en nuestro caso, cuando los medios de comunicación se hallan apartados de
la sociedad, en el sentido de que responden a interés particulares y se
permiten naufragar en un mar de voraces ambiciones mercantiles. ¡A esto es lo
que asistimos, señores!
LA
DESCONFIANZA GENERALIZADA
Varios pensadores
contemporáneos han dado ya la alerta y nos han recordado que somos un mundo
–porque no es una situación solamente local, sino global- débil, que se está
apartando de forma creciente del consenso general y de la cultura del diálogo y
que podría acarrear consecuencias inimaginables, en un sentido lesivo, para una
virtual democracia.
Ignacio Ramonet, por citar
uno de los varios involucrados en el quehacer intelectual, ha señalado que “la
prensa y los medios de comunicación han sido, durante largos decenios, en el
marco democrático, un recurso de los ciudadanos contra el abuso de los poderes.
En efecto, los tres poderes tradicionales -legislativo, ejecutivo y judicial-
pueden fallar, confundirse y cometer errores. Mucho más frecuentemente, por
supuesto, en los Estados autoritarios y dictatoriales, donde el poder político
es el principal responsable de todas las violaciones a los derechos humanos y
de todas las censuras contra las libertades”.
La debilidad que, en nuestros
días, ha hecho presa fácil de los medios de comunicación se traduce en un
escepticismo global hacia ellos. Los ciudadanos han dejado súbitamente de
sentirse representados por éstos. Ya han advertido, casi a tiempo, que los
medios no suelen venderles información ni mucho menos una orientación para
saber emplear sus derechos. Umberto Eco lo ha dicho de este modo: “el
destinatario de los mensajes de los medios de comunicación de masas recibe tan
solo una lección ideológica global, la invitación narcótica a la pasividad.
Cuando triunfan los medios de masas, el hombre muere”.
| El fenómeno de la concentración de medios puede entorpecer severamente la democracia. |
La desorbitante concentración
de los medios en unas cuantas manos ocasiona, casi indefectiblemente, que
desaparezca progresivamente el pluralismo como una de sus funciones
elementales. Un ejemplo ilustrativo es el caso de la megafusión, en 2000, entre
la empresa American Online (AOL) y el aparatoso conglomerado mediático
Time-Warner-CNN-EMI, lo cual viene a ser una expansión abundante de distintos medios
de comunicación –AOL opera en el plano cibernético, mientras que
Time-Warner-CNN-EMI se desenvuelve en los campos de la prensa, medios de
entretenimiento y discografía-.
Este enorme acaparamiento de la
difusión entorpece la diversidad y provoca que no exista cabida alguna a
distintas posiciones que propongan una agenda pública de los grandes problemas
a resolver en la sociedad. En este ámbito, las políticas estatales deberían
intervenir como un agente regulador de los medios de comunicación, estableciendo
mecanismos de control y regulación a fin de poder garantizar un pluralismo
acorde a las perspectivas de una sociedad abierta y una vida democrática.
LA
NECESIDAD DE LA FISCALIZACIÓN
En una sociedad abierta –y
autoritaria, creo yo, también-, una de las funciones de los medios de
comunicación es mantenerse en una postura vigilante y fiscalizadora. Ser
independiente es una razón de ser del poder mediático. Los casos instructivos
para ilustrar este deber intrínseco de los medios, abundan. Verbigracia, está
el inolvidable comportamiento del Washington
Post durante el famoso caso Watergate; o el histórico caso Dreyfus con
Emile Zola en su protagonismo; o, si aterrizamos en las coordenadas nacionales,
el papel de Gustavo Gorriti, César Hildebrandt, Gustavo Mohme Llona y muchos
más que combatieron aguerridamente la ominosa dictadura fujimontesinista.
Pero el problema que debe
encarar el periodismo y el quehacer comunicacional en nuestros días, es la
levedad y casi casi la abulia generalizada hacia el papel de la fiscalización
constante del proceder del Estado, sea éste democrático o acaso una satrapía
cobarde. Lo queremos decir es que muchos periodistas han optado por entregar
las riendas de la función periodística a entes movidos por intereses lucrativos
y particulares. Para hacer más categórica esta premisa, Ricardo Uceda ha dicho
que “creo que los medios tienen la obligación de buscar agresivamente la
verdad. Por eso estoy de acuerdo con que en ocasiones excepcionales se pueda
usar material ilícito, si no para qué nos han dado tantas garantías. Ésa es la
diferencia entre la visión editorial de un periodista y la visión de la parte
empresarial que dice: cuidado, acá se puede afectar las inversiones de nuestro
grupo”.
La aserción de Uceda puede
resultar un tanto polémica al hablar sobre el empleo de materiales informativos
legalmente ilícitos, pero se puede compensar dicha controversia con la aseveración
de que es totalmente necesario que los periodistas mantengan una distancia ética
con los dirigentes del medio, en la medida en que éstos, muchas veces, juegan
dentro del campo delos intereses ajenos, sean éstos económicos o políticos.
Lo anterior, sin embargo,
suscita una divergencia desalentadora con la realidad. En ésta, los accionistas
y altos mandos del medio son los que deciden qué se va a informar y qué no. En
suma, son esos desconocedores del oficio del periodismo quienes trazan la
agenda informativa y nos venden el menú diario de noticias. Su mejor
encarnación fue observada en el extinto Diario
de Marka, cuyo director de aquel entonces, José María Salcedo, dijo lo
siguiente: Un periódico, en nuestro país o en cualquiera, tiene propietarios
nominales que son los accionistas pero tiene propietarios reales que son los
anunciadores”.
¿EXISTE
LA REGULACIÓN?
Por otro lado, los
periodistas suelen parapetarse tras el requisito indispensable de la libertad
de expresión, de información y de prensa. Como consiguiente, muchas veces los
medios tradicionales se convierten en vertederos de productos informativos que
lindan con lo irracional y lo grotesco.
Muchas instituciones intentan velar porque se resuelva este
problema, sin embargo no son muchos los cambios significativos que se perciben.
Existen el ANDA (Asociación Nacional de Anunciantes) y otras instituciones
relativas a la prensa como el IPYS (Instituto de Prensa Y sociedad) y el
Consejo de la Prensa Peruana, no obstante la deficiencia de estas entidades
hace creer muchas veces al consumidor de los medios que se encuentra solo y
desprotegido.
La autorregulación es la
exigencia ética asignada a los medios de comunicación; cuando ésta no se cumple
se recurre entonces a la regulación que es un conjunto de reglamentos y códigos
de ética que suelen recortar a veces la libertad del periodista. ¿Cómo crear un
balance entonces a esta temible desproporción? Lo apropiado sería que el
conjunto de los medios establezca un ombudsman
o defensor del lector, que escriba sobre el medio desde una tribuna netamente
periodística, no envuelta en marcos legales. En Colombia, el asunto se llevó a
cabo de forma brillante y exitosa, teniendo como ombudsman al renombrado comunicador Javier Darío Restrepo.
CIUDADANÍA
Y DEMOCRACIA
Hablar de democracia no
supone –o en todo caso no debería suponer- caer en una ramplona demagogia
política de que afirmaba el escritor argentino Julio Cortázar cuando hablaba de
las palabras mal empleadas. Tomar como un valor relativo el sentido de la
palabra democracia equivale a actuar en razón de un pueblo al que hay que
rendir cuentas. Pues bien, en una sociedad donde los medios no cumplen un papel
vigilante y fiscalizador, no se puede esperar que los ciudadanos que forman
parte de ella se sientan representados por un puñado de instituciones que no
les procuran empoderamiento, cuando no, al menos, información para solicitar y
asumir cambios. De esta terrible traba se desprende la falta de iniciativa
social hacia los medios, en el sentido de no tomar una postura crítica en función
a las falencias en que incurren estas instituciones.
La única panacea para este
obstáculo a una sociedad abierta, tendría que ser la asociación entre personas
a fin de que ideen un proyecto con miras a vigilar y fiscalizar al poder
político y a los llamados poderes fácticos. Esto, ya que las instituciones
gubernamentales que deberían sopesar el buen funcionamiento de los medios de
comunicación no realizan su función.
Ignacio Ramonet es uno de los
que proponen la conformación de un quinto poder que regule, vigile y fiscalice
un comportamiento adecuado y alturado de los medios. Este quinto poder debería
estar constituido por una ciudadanía que tenga una visión común dentro de un
marco democrático, que apele a las normas y reglamentos estatales para idear
sus planes a corto o mediano plazo. El quinto poder sería una manera de
reivindicar la iniciativa social de una determinada comunidad.
Para enfatizar la triste
ausencia del Estado en la problemática, cabe recordar su conducta impropia
durante el ominoso gobierno dictatorial de Alberto Fujimori, en el que la gran
mayoría de medios se sumaron a esa causa inicua, recibiendo dinero –cómo no- de
los hombres venales del régimen autoritario. Una pobreza de moral que,
lamentablemente, repercutió en la población.
Síntesis
conclusiva
Lo que se requiere, en
resumidas cuentas, son cuatro cosas: una ciudadanía activa que se constituya
para vigilar y fiscalizar los medios, un ente regulador que sirva de soporte a
las iniciativas ciudadanas, la conducta acertada de los medios de comunicación y el adecentamiento de una política peruana. Esto último debería ser debate
de un ensayo más prolijo y profundo. Pero eso no nos corresponde, por ahora, a
nosotros.
http://www.idl.org.pe/idlrev/revistas/170/bloque%20politico.pdf
http://ateneu.xtec.cat/wikiform/wikiexport/_media/cursos/curriculum/interniv/dv36/modul_1/ramonet.pdf
http://oncetv-ipn.net/buzon/defensor/ponencias/PonenciaautoregUNAM22.pdf
http://ateneu.xtec.cat/wikiform/wikiexport/_media/cursos/curriculum/interniv/dv36/modul_1/ramonet.pdf
http://oncetv-ipn.net/buzon/defensor/ponencias/PonenciaautoregUNAM22.pdf
REFERENCIAS
ECO, Umberto. 1986. Citado
por Gianpiero Gamaleri en La galaxia
McLuhan.
NARANJO GARCÍA, Reynaldo.
1983. Talleres de comunicación, 1983.
RAMONET, Ignacio. Octubre,
2003. El quinto poder, Le Monde Diplomatique, edición española.
UCEDA, Ricardo. Mayo, 2011. “Los medios deben buscar agresivamente la
verdad”, entrevista por Flor Huilca, Revista Domingo.
Javier,
ResponderEliminarTu trabajo es bueno, aportante.